Oferta
Provide additional details about the offer you're running.
This store requires javascript to be enabled for some features to work correctly.
Los placeres de Epicuro aplicados al ciclo menstrual parten de una idea que encaja con los días de regla. El placer no consiste en sumar cosas, sino en quitar lo que molesta. Este filósofo griego lo redujo a algo sencillo, comer cuando tienes hambre, descansar cuando estás cansada, tener compañía y no sentir dolor. Poco más. Llevado a la menstruación, ese criterio ordena mucho ruido, porque separa lo que tu cuerpo necesita de verdad de lo que te han contado que necesitas.
El epicureísmo arrastra una fama que no le corresponde. Cuando se dice que alguien es epicúreo se suele pensar en banquetes y lujos, pero Epicuro comía pan y queso, bebía agua y reservaba el vino para los días de fiesta.
Su idea de placer se apoyaba en dos conceptos. La aponía es la ausencia de dolor en el cuerpo. La ataraxia, la ausencia de inquietud en la mente. Cuando las dos coinciden, decía, ya no hace falta buscar nada más. No es un placer que se persigue, sino el que aparece cuando retiras lo que estorba.
Epicuro nunca escribió una lista de cinco placeres, pero dejó un criterio para clasificarlos que resulta más útil. Dividía los deseos en naturales y necesarios, naturales pero prescindibles, y vanos, que no son ni una cosa ni la otra.
Si aplicas ese primer grupo a los días de menstruación, los cinco salen casi solos:
Si algún mes no llegas ni a esos cinco, no es falta de organización. Es que el cuerpo está gastando la energía en otra cosa.
La ataraxia era, para Epicuro, el estado en el que dejas de anticipar problemas. Aquí se aplica casi literal, porque buena parte del malestar de esos días no lo produce el útero, lo produce el cálculo. Contar cuántos días quedan, comprobar si has manchado, medir si aguantarás la reunión de la tarde. Esa vigilancia cansa y no cambia nada de lo que ocurre por dentro.
Los deseos vanos tenían para él una característica muy reconocible, no se sacian nunca, porque no nacen del cuerpo sino de la comparación. El pasillo del supermercado funciona igual. Envases distintos cada temporada, formatos que prometen una discreción que no echabas en falta hasta que alguien te la nombró, y un gasto que se repite durante décadas.
Aplicar aquí el criterio epicúreo no significa comprar mejor, sino comprar menos veces. Una braga menstrual de algodón orgánico se lava y vuelve al cajón, y las de Cocoro están pensadas justo para eso, para que dejes de tomar la misma decisión cada mes.
Un ritual epicúreo no necesita velas, ni aplicación, ni tabla de seguimiento. Necesita tres cosas que ya tienes, un rato, algo caliente y nadie pendiente de ti. Elige el día que peor llevas del ciclo y decide con antelación qué se cae de la agenda, porque en el momento siempre acaba ganando la obligación.
El resto es sencillo, cena algo que te apetezca, acuéstate antes y habla con alguien que no te pida explicaciones. Si te interesa trabajar esa lectura del cuerpo fase por fase, honrar tu naturaleza cíclica es un buen punto de partida.
Epicuro dejó escrito que quien no considera suficiente lo que tiene no será feliz aunque llegue a ser dueño del mundo. Tu ciclo no necesita optimizarse ni celebrarse; necesita que le des lo que pide, que es poco y bastante concreto. Descanso, calor, comida, gente alrededor y ropa que no te obligue a estar pendiente.
Esa última parte, cuando falla, se nota. Y cuando la ropa que llevas deja de reclamar tu atención, desaparece del radar, quizá la versión más honesta de lo que él llamaba placer, no uno más que perseguir, sino uno menos del que preocuparte.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si el dolor menstrual te incapacita cada mes, eso no es cuestión de aguante, háblalo con tu ginecólogo o especialista de confianza.